Rodar es fácil, organizarse también
Cuando el pueblo rueda
Lo que una marcha de motociclistas nos recuerda sobre organización ciudadana
El fin de semana pasado (02-abr-25), se organizó una reunión masiva de motociclistas. No hubo patrocinadores, no se cobró entrada, no se necesitaron campañas en redes sociales ni apoyo de instituciones. Fue una convocatoria informal, propagada de boca en boca y de grupo en grupo, que logró reunir a miles de personas con una sola intención: salir a rodar, convivir y compartir su pasión por las motos.
No he visto un conteo oficial, pero por lo que viví en carretera, eran miles. Motos de todos los tipos. Personas de todas las corrientes. Y sí, también de todos los niveles de formalidad: muchos sin casco, sin licencia, sin placas, sin cinta reflectiva. Es bien sabido que en el gremio motero, el respeto a la ley de tránsito es flexible cuando la vigilancia es baja.
La Lección
Lo que me impactó no fue la marcha en sí, sino lo que representa: un grupo de personas que decidieron organizarse sin estructura central, sin líderes formales, sin presupuesto, y lograron algo masivo.
Esto es lo contrario a lo que normalmente vemos en política y organizaciones sociales. Esperamos que alguien en el poder nos organice, que una institución nos convoque, que un líder nos guíe. Pero acá vimos lo opuesto: gente común decidiendo juntarse porque les late.
Reflexión
La organización no requiere permiso, no requiere presupuesto, no requiere líderes. La organización es simplemente voluntad colectiva. Cuando la gente quiere algo, se organiza. Punto.
Esto aplica a todo: desde una marcha de motos, hasta un cambio político, hasta una comunidad que decide mejorar su barrio. El ingrediente principal es la gente dispuesta a actuar.
El gobierno no va a arreglar la inseguridad vial. Pero la gente sí puede, si decide organizarse. Sin pedir permiso. Sin esperar a que “alguien” lo haga.
Rodar es fácil. Organizarse también. Lo difícil es tomar la decisión de hacerlo.