El boicot no es perfecto. Es consciente.


Cada colón es un voto. La pregunta es: ¿por quién estás votando?


“Es que no puedo dejar de comprar todo.” “¿Qué hago, me deshago de la guitarra porque Gibson es gringa?” “Si voy a boicotear mal, mejor no boicoteo.”

Lo escucho seguido. Y lo entiendo — suena lógico. Si no podés hacerlo perfecto, ¿para qué hacerlo? Pero esa lógica no la aplicamos a nada más en la vida. No dejás de reciclar porque una vez tiraste una lata en el basurero equivocado. No dejás de comer bien porque un domingo te comiste una pizza. El boicot funciona igual.

Si compraste una Coca-Cola hoy, no fallaste. No traicionaste a nadie. No sos un hipócrita.

El boicot no es un examen que se pasa o se pierde. Es una práctica — como comer mejor, como hacer ejercicio, como dejar de fumar. Hay días buenos y días donde la única opción en la pulpería es un producto boicoteado. Se toma, se sigue adelante.

En Gaza compran productos israelíes. Pensá en eso.

Dentro de la Palestina ocupada, muchos de los productos disponibles son israelíes. La gente los compra porque necesita comer, es lo que hay. No podemos criticar a una persona bajo ocupación por consumir lo que tiene disponible, tampoco podemos crucificarnos a nosotros mismos cuando no hay alternativa local a la mano.

Pero seamos honestos: casi siempre hay alternativa. Hay un restaurante local que hace mejores hamburguesas que Burger King. Hay una soda que hace mejor comida que Taco Bell. Hay un café de barrio que le da mil vueltas a Starbucks. La alternativa existe. Lo que a veces falta es la costumbre de buscarla.

El acto de elegir

Cada vez que gastamos dinero, estamos votando. Estamos diciendo: “Creo que esta compañía merece mi dinero.” Es un acto político, aunque no lo veamos de esa forma.

El boicot es simple: elegir no gastar tu dinero en algo. Es el acto más básico de poder del consumidor.

¿Que es imperfecto? Claro. Pero la perfección nunca fue el punto. El punto es la dirección: ¿hacia dónde vamos con nuestras decisiones de consumo? ¿Apoyamos empresas que respetan derechos humanos? ¿Apoyamos negocios locales? ¿Apoyamos trabajadores justamente pagados?

Estas preguntas son más importantes que ser perfecto.